La oposición es un estado de ánimo político que permite decir casi cualquier cosa sin la menor consecuencia sobre el mapa de la realidad. La gestión de los recursos, sin embargo, fija la ideología real del partido. Y al Gobierno de ultraderecha italiano que preside Giorgia Meloni, socia de Vox en Europa, se le ha atragantado ahora la protesta de los agricultores italianos. Un sector y unas reivindicaciones que durante años de oposición constituyeron parte del cuerpo ideológico de Hermanos de Italia y de la Liga ―socio del Ejecutivo― para atacar a Bruselas, pero que, una vez en el poder, resultan complicadas de satisfacer. Y es especialmente difícil de compaginar el pasado y el presente, además, teniendo en cuenta que el comisario europeo de Agricultura, el polaco Janusz Wojciechowski, pertenece al PiS polaco, socio principal de Meloni en el grupo Europeos Conservadores y Reformadores (ECR), que ella misma preside.

El sector agrario y las políticas de la Unión Europea en este ámbito ocuparon durante años un enorme espacio en los mítines de Meloni y de Matteo Salvini, líder de la Liga. También en otros partidos de la ultraderecha europea, como en Francia (la propia Marine Le Pen se subió hace unos días a un tractor para mostrar su apoyo a los manifestantes). La vieja idea del fabricado en Italia, leitmotiv para defender los productos autóctonos, y la oportunidad de atacar a Bruselas y a sus “burócratas”, empujaron a la Liga y a Hermanos de Italia hacia un potencial electorado descontento con la izquierda urbana del Partido Democrático. Después de la conquista de los viejos obreros desencantados del Partido Comunista, llegaron los cantos de sirena para el campo. Sin embargo, en este momento ambos partidos, que forman junto a Forza Italia la coalición que gobierna el país, están a la gresca para dilucidar de quién es la culpa de que los tractores hayan llegado a Roma al ritmo de las amenazas contra el actual Ejecutivo.

Meloni, que de momento se ha negado a recibir a los agricultores de la protesta en el Palacio Chigi, quiso dar un fuerte peso al Ministerio de Agricultura a su llegada. Tanto, que decidió poner a Francesco Lollobrigida al frente, su cuñado y miembro de su estrecho círculo de consejeros. La primera ministra tejió luego una fuerte alianza con Coldiretti, la principal asociación agrícola del país y una de las más grandes y activas de Europa. De hecho, su presidente, Ettore Prandini, baraja la posibilidad de convertirse en candidato de Hermanos de Italia para las elecciones europeas del próximo junio. Sin embargo, los pequeños sindicatos agrarios han visto esa relación como un agravio y sienten que se han marginado sus reivindicaciones.

Meloni salió al paso de las críticas el miércoles y recordó que “desde mucho antes de las protestas, y de que la gente saliera a la calle, el Gobierno defendió al sector agrícola de algunas decisiones demasiado ideológicas”. La líder ultraderechista subrayó también que “con la renegociación del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia”, con el que se gestionan los fondos europeos para paliar los efectos de la pandemia, su Ejecutivo ha “liberado 3.000 millones de euros para las explotaciones agrícolas”, según los medios locales.

Meloni ya había celebrado este martes el anuncio de la Comisión Europea de la retirada de la propuesta legislativa sobre los pesticidas, poco después de conocerse esta decisión aplaudida por los agricultores. Pero no fue suficiente. Porque Salvini acusa a su propio Ejecutivo, al cuñado de Meloni en particular, de no haber defendido a los agricultores aplicando la desgravación del IRPF que pedían. El problema, replican en Hermano de Italia, es que el Ministerio de Economía está dirigido por un miembro del partido de Salvini, Giancarlo Giorgetti.

Los agricultores italianos llevaron sus tractores el jueves hasta las puertas de la ciudad. Pero no lograron ponerse de acuerdo para organizar una gran manifestación en Roma y optaron por desfilar este viernes simbólicamente con cuatro tractores por el centro de Roma, mientras que otros representantes del sector esperan a las puertas de la localidad de Sanremo con la intención de llegar al palco del conocido festival de la canción. Pero aquí, de nuevo, es la Rai ―cuyo consejo de administración controla el actual Ejecutivo― la que se ha negado a que sean recibidos en el interior del festival para expresar sus reivindicaciones y solo permitirá que el presentador del evento lea un comunicado de los agricultores.

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