Xabi Alonso dejó una huella indeleble camino de su consagración como entrenador de primera categoría. Lo hizo a su manera, con discreción en la banda y con muchos interiores en el campo asociándose con naturalidad en el proceso de desguace del Bayern Múnich, toda una potencia del fútbol mundial literalmente impotente frente a un Leverkusen que se consolida como líder de una Bundesliga que puede ser histórica. El equipo de la factoría Bayer suma cinco puntos de ventaja sobre el conjunto bávaro al cabo de 21 jornadas disputadas. El espectacular gol de Frimpong en el minuto 95 grabó el 3-0 en el marcador y desató la crisis en el club hegemónico de Alemania.

3

Hradecky, Piero Hincapie Reyna, Jonathan Tah, Edmond Faycial Tapsoba, Xhaka, Grimaldo (Gustavo Puerta, min. 90), Robert Andrich, Josip Stanisic, Amine Adli (Jonas Hofmann, min. 82), Florian Wirtz (Adam Hlozek, min. 90) y Nathan Tella (Jeremie Frimpong, min. 65)

0

Bayern

Neuer, Dayotchanculle Upamecano (Joshua Kimmich, min. 59), Kim Min-Jae, Eric Dier, Leon Goretzka (Mathys Tel, min. 71), Noussair Mazraoui, Sacha Boey (Raphael Guerreiro, min. 81), Aleksandar Pavlovic (Müller, min. 59), Sane, Jamal Musiala (Choupo-Moting, min. 81) y Kane

Goles 1-0 min. 18: Josip Stanisic. 2-0 min. 49: Grimaldo. 3-0 min. 95: Jeremie Frimpong.

Árbitro Felix Zwayer

Tarjetas amarillas Sacha Boey (min. 35), Leon Goretzka (min. 61), Edmond Faycial Tapsoba (min. 63), Amine Adli (min. 76) y Hradecky (min. 82)

Era noche de carnaval en Colonia y sus inmediaciones. Los hinchas acudieron al Bay Arena disfrazados en un clima festivo. El Bayern saltó al campo con un plan decididamente conservador. Con tres centrales, dos carrileros pendientes de cerrar, el imberbe Pavlovic como director de la salida de la pelota, y sus mejores jugadores, Musiala y Kane, encorsetados en posiciones zonalmente rígidas, al albur de lo que decidiera Leroy Sané, probablemente el futbolista con menos calidad emocional de Europa Occidental. Una garantía de inestabilidad a la que Thomas Tuchel, el entrenador, concedió las máximas competencias.

Contra a este plan, Alonso cedió la iniciativa a su rival y le esperó organizado en su campo. Dio la manija del equipo a Granit Xhaka, viejo excéntrico hoy transformado en moderado administrador, y sacrificó al delantero centro para formar en la línea más avanzada a tres jugadores con alma de interiores: Wirtz, el nuevo fenómeno alemán, de falso nueve, con Adli y Tella ocupando los carriles del diez y el ocho con la máxima elasticidad posible. El invento no solo proporcionó al equipo la superioridad numérica en el mediocampo. Amplificó el juego en todos los niveles. Se creó un círculo virtuoso y una trampa de la que el Bayern no pudo escapar.

Con el paso de los primeros minutos se hizo evidente que el Bayern se atascaba víctima de su propia rigidez mientras que el Leverkusen formaba cadenas de pase con soltura, como si cada jugador eligiera en el momento justo la zona del campo que debía ocupar para ofrecerse libre y continuar la jugada. Aislados Kane y Musiala, el destino del Bayern quedó en manos de Neuer, su portero, y de Kim-min Jae, probablemente el mejor central del mundo, desbordado ante las oleadas adversarias. El Leverkusen no tardó en adueñarse de la situación: contragolpeó cuándo y cómo le dio la gana.

El Bayern no generó ni una ocasión nítida de gol en todo el partido. El Leverkusen, por su parte, comenzó desde la primera parte a colocar jugadores mano a mano con Neuer una y otra vez. El gol de Stanisic, puso de manifiesto la desorientación de la defensa visitante, encarnada en Boey, sorprendentemente elegido por Tuchel en detrimento de Guerreiro. El 1-0 abrió la espita de un bucle imparable. El paso de los minutos confirió seguridad a Adli, Tella y Wirtz, tres chavales magníficamente capaces de llevar el peso de acciones complejas en todos los departamentos del campo, mientras que en el Bayern pesaba la clase de desánimo que precede a las destituciones del entrenador. Pocas veces el equipo bávaro se ha visto moralmente más abatido en las últimas décadas.

La debacle exaltó las palabras que pronunció antes del partido Lothar Matthäus, leyenda del fútbol alemán y voz de referencia en el Bayern. “Alonso”, dijo; “ha creado un grupo de hermanos en un clima de trabajo perfecto. El Leverkusen es sin duda el equipo más interesante de Alemania. Ha hecho 52 puntos en 20 jornadas, está en semifinales de Copa y sigue en Liga Europa. El equipo juega a un toque, con inteligencia y ritmo. A veces parece el Barcelona de Guardiola. La presión está sobre el Bayern. El resultado tendrá una gran relevancia psicológica”.

“Más no es posible”

El 2-0 fue la desembocadura de un ejercicio de sincronización de Adli, Wirtz, Tella y Grimaldo. Los jóvenes interiores se ofrecieron en el momento oportuno para negociar la jugada mientras avanzaba del eje izquierdo al derecho del campo abriendo espacios por doquier. Ni Kim, marcador perspicaz como ninguno, consiguió ajustar la posición ante la penetración del Leverkusen que culminó con el remate de Grimaldo. Fue la prueba irrefutable de que ahí actúa la mano de un entrenador que sabe controlar sus emociones y que, sobre todo, sabe trabajar donde el juego tiene mayor impacto: en el mediocampo. El prestigio ha situado al vasco en la lista de prioridades del Liverpool en la búsqueda de un sustituto para Klopp. A este paso, el Bayern no tardará en llamar a su puerta.

Reiner Calmund, el director deportivo que llevó al Leverkusen a su primera y última final de Champions, en 2002, elogió al entrenador: “Su menú, como buen vasco, tiene estrella Michelín. Basta ver su currículum: fue campeón del mundo y dos veces campeón de Europa con España; ganó la Liga de Campeones con el Liverpool y el Real Madrid, y finalmente se proclamó campeón de Alemania en tres ocasiones con el Bayern. Xabi ha trabajado con entrenadores como Rafael Benítez, Pep Guardiola, Carlo Ancelotti y Jupp Heynckes. Más no es posible”.

La trayectoria no bastaba. Los anales están repletos de futbolistas que fueron maestros de su arte y que luego como técnicos no consiguieron convencer a sus jugadores. En Leverkusen no sobran los talentos. Pero hay un espíritu y un orden definido que este sábado se llevó por delante a una de las mejores plantillas del mundo. Cinco subcampeonatos y ningún título de Bundesliga hicieron del equipo del Ruhur objeto de mofa. Los aficionados lo llamaron Neverkusen. Con Xabi Alonso pueden cambiar la historia.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.